Astrología Holística: las doce maneras de amar

por Brisa Ferrante

Astrología holística: las doce maneras de amar

En astrología holística: la Luna astrológica es el símbolo que representa nuestras emociones. La manera de cuidarnos y cuidar.

Es el recurso del que echamos mano cuando necesitamos procesar el dolor, primero habiéndolo detectado. La compasión fundamental hacia el dolor propio y la sensibilidad al dolor ajeno.

Esto que es tan evidente en un niño pequeño, se va durmiendo pasada la primera infancia debido a la crudeza del sistema de dominación en el qué vivimos, que nos vuelve seres insensibles por supervivencia.

«La Luna es nuestra verdadera esencia que es la conexión natural con el placer y displacer, que al llegar a la edad adulta perdemos; llenos de agresividad pasiva, faltos de creatividad, y con cero conocimiento de quienes somos.»

Brisa Ferrante, profesora de Astrología holística

Como niños, nadie nos defiende, nadie nos escucha. Y de mayores continuamos este estado de stress, competencia y lucha; con nuestros hijos, con quienes nos desquitamos de nuestro propio dolor. Lo que queda claro es que esto no es amor, ni posibilita el sentir. El “permiso a sentir” permite reconocer las emociones de displacer (y placer) y actuar en consecuencia poniendo límites. Por eso resolver esta temática es lo básico para integrar los otros elementos de nuestra carta o de nuestra personalidad.

Estos “mecanismos de defensa” basados en el poco “apego del bueno”, en la infancia, tienen la función de ocultar nuestro mundo emocional y el dolor que está allí para advertirnos.

Y este mecanismo es el que ha de ser desmantelado una vez adulto, para recobrar esa inteligencia emocional que nos es innata y nuestra conexión con el cuerpo y la naturaleza, valores también representados por la Luna.

Las 12 lunas en la Carta Natal

O sea que las 12 lunas se han transformado dentro del evidente marco de relaciones de dominación, en 12 mecanismos de ocultación de las verdaderas necesidades que muestran nuestra naturaleza más vital y talentosa.

Luna en Aries: mamá tiene un deseo tan grande que el propio es difícil de ver, ocultado tras una aparente personalidad valiente y activa. La personalidad es una defensa continua a no ser invadido, primero por mamá, luego por todo el mundo. Hacer un proceso de detección de mi propio sentir más allá de la reactividad y des-vinculado de la defensa continua con un mundo que subjetivamente (u objetivamente) es agresivo.

Luna en Tauro: mamá necesita un tipo de apego que es demasiado para el niño que he sido. Al no valorar mi libertad personal, mi madre contribuye a un sistema de defensa que no me permite ir a espacios más libres o con más aire en el vínculo. El “proceso” tiene que ver con permitir mis propias necesidades básicas (primera habiéndolas detectado) entre las que está ponerle límites y mis propias condiciones a la realidad.

Luna en Géminis: mamá es incapaz de vivir el mundo emocional y la calidez del contacto con el niño en la primera infancia, entonces lo llena de explicaciones lógicas lo que no permiten al niño “habitar” con naturalidad su costado subjetivo. Permitirse las emociones “no lógicas” es parte del proceso. Y acompañar con esa “mente inquieta” la emociones con las que he de familiarizarme con el tiempo, dejando que no sea la lógica la que guíe la empresa.

Luna en Cáncer: está valorizada la pertenencia, lo que no le permite al niño la emergencia de la “propia singularidad”. Esto lleva una gran cantidad de energía (como todas las lunas en agua), lo que hace que puede que tenga que pasar por la “rabia” como medio de florecimiento personal. Los dones afectivos de esta luna llegan realmente, cuando puedo primero darme amor a mi mismo y permitirme ser yo mismo en el vínculo.

Luna en Leo: puede que aparentemente mamá me está dando mucho amor y atención, incluso que sea la hija/hijo preferida/o, pero esta es en realidad la falsa personalidad. Mamá no me está realmente viendo, entonces voy buscando esta aprobación continuamente. Ser sinceros con uno mismo y permitirse ver la indefensión que está por debajo del mecanismo, puede aportar luz y sentido. La “compulsión con el reconocimiento” constante se acaba cuando puedo ver que es la “subjetividad de la infancia” la que lidera mi vida desde la sombra.

Luna en Virgo: el ritmo, orden y necesidad de adaptación que requería mamá, hizo que no podía ver el propio. Los sistemas, la acupuntura, los circuitos, la medicina holística, atraen mucho a este tipo de personalidad. Y el talento para contener el “orden cósmico” se encuentra cuando me permito mi propio ritmo, ciclos propios y un sentido del orden independiente de la mirada de los otros. Satisfacer la propia necesidad de higiene, ritos y contacto lógico con la vida, me conecta con la experiencia de Dios.

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